Las escuelas de La Cartuja Baja

Un gran salto adelante
El edificio de las niñas aún se mantiene en pie, desde 1886.
En el denominado patio interior del monasterio se construyeron en 1886 dos edificios gemelos, uno enfrente del otro, para albergar los colegios de niños de ambos sexos. El arquitecto fue Ricardo Magdalena, con supervisión de Félix Navarro. Las construcciones fueron sobrias y utilizando materiales muy económicos, debido a la escasa disponibilidad de fondos del consistorio capitalino. Ambos edificios conformarían la futura calle que enlazaría la antigua entrada del convento con la plaza de la iglesia.
En 1857 con la denominada Ley Moyano, por el ministro de Fomento Claudio Moyano (no existía entonces la cartera de Educación), la enseñanza primaria, niños de 6 a 9 años, en España se convierte en obligatoria, dando un paso adelante en el progreso.
Las clases eran gratis sólo para los que no las podían pagar y el curso duraba todo el año, con disminución del horario en el período de la canícula, así denominado en la ley.
Los contenidos educativos eran: Doctrina cristiana e historia sagrada, lectura, escritura, gramática y ortografía, aritmética y breves nociones de agricultura, industria y comercio.
En un principio, en aquel tiempo, las escuelas estaban situadas en viviendas alquiladas con los problemas existentes de adecuación, capacidad y sobre todo de índole económico para hacer frente a los importes correspondientes por conceptos de todo tipo.
A partir de 1880, el consistorio zaragozano, pese a las evidentes dificultades de financiación que tenía, afronta la construcción de escuelas en toda la ciudad, tanto en el casco urbano como fuera de él, aunque es cierto que los barrios rurales llevaron un proceso más lento.
EL PROYECTO DE UN GRAN ARQUITECTO
Ricardo Magdalena era el arquitecto municipal, gozaba ya de una notable reputación y por aquella época estaba finalizando una de sus obras principales, el Matadero Municipal. Él fue quien preparó los diferentes proyectos, muy modestos, con una tipología similar, diseñó y dirigió la construcción y se encargó de su mantenimiento.
Los proyectos seguían unas determinadas pautas en cuanto a luz, higiene, ventilación y calefacción. Los correspondientes a los barrios rurales tenían mayor homogeneidad y menos elementos decorativos. Todos ellos tenían prácticamente una ausencia de vigas metálicas, seguramente por problemas económicos ya que era un material que Ricardo Magdalena, ya usaba por ejemplo en el citado matadero.
Magdalena eligió dos tipos de proyectos, el más común: un solo edificio con dos alas, donde, separados por sexos, estaban los niños y que se utilizó en Garrapinillos, San Juan de Mozarrifar, Casetas, Montañana y Juslibol.
Y el otro tipo, con dos edificios separados para ambos sexos en Movera y La Cartuja Baja. En ambos casos el proyecto sólo variaba por tamaño teniendo en cuenta el número de alumnos previsto.
En el caso de La Cartuja Baja, Ricardo Magdalena elaboró dos proyectos: uno en 1878 que no llegó a prosperar y el definitivo en 1884. Estarían en el patio interior del antiguo monasterio con una extensión de unos 300 metros cuadrados cada edificio y el terreno era comunal.
El diseño elegido era de edificios exentos de dos plantas, con la vivienda del profesor arriba y las aulas en la parte baja. Al constar de cuatro ventanas de iluminación, la previsión era para un número de alumnos máximo de 80 a 100 en cada uno.
La vivienda del profesor estaba arriba
Las plantas bajas constaban de vestíbulo, guardarropa y retrete. En el caso de La Cartuja se acondicionaron dos recreos exteriores, aunque en el caso de los chicos se perdió con el tiempo.
Planta baja de las escuelas
Los edificios son sobrios y con materiales muy económicos empleados. Es una fábrica mixta de mampostería y adobe, enlucido con yeso y ladrillos en sitios determinados. Se utiliza el aparejo, denominado toledano, que combina el paramento enfoscado con refuerzos de ladrillos a cara vista en las esquinas.
Las fachadas se rematan en alero de poco vuelo, ejecutado en ladrillos sobre canetes tipo modillón. El entramado de los pisos es de madera y el techo de teja árabe. El hierro sólo es empleado en las rejas y en los montantes de puertas y ventanas. Se trataba de reducir costes al máximo. Es una arquitectura sencilla la empleada en las escuelas de los barrios rurales, diseñada para cumplir su función, pero sin ningún lujo, a diferencia de las existentes dentro del casco urbano.
El ayuntamiento había urgido, en 1881, la construcción de la escuela de La Cartuja, entre fuertes críticas, porque se estaba pagando a los profesores que efectuaban su labor en unas condiciones muy precarias, teniendo que gestionar ante el cardenal zaragozano la cesión de un local pegado a la sacristía, para utilizarlo de forma provisional.
Ya a finales de 1884 se presenta el proyecto, que lo firma Ricardo Magdalena y como supervisor Félix Navarro, arquitecto de la Diputación de Zaragoza, autor entre otras obras del Mercado Central de la ciudad.
“HIJOS ÚTILES A LA SOCIEDAD”
Los vecinos del barrio celebran, en octubre de 1885, una reunión con representantes municipales y deciden, según figura en el acta del día 28 de ese mes, “allegar recursos y realizar sacrificios para que sus hijos sean útiles a la sociedad, ya que ésta avanza a pasos agigantados”. Y también “las mejores condiciones higiénicas y que el aire sea respirable”, ya que la sombra de la epidemia de cólera estaba todavía muy presente.
Unos pocos con dinero, muchos con brazos, y otros también con caballerizas, en total son 55 las personas dispuestas a colaborar con una cifra final de 40 pesetas, 73 jornales y 23 jornadas de alquiler de carros. Posteriormente aún habría más ofrecimientos de otros 24 vecinos con 22 jornales y 10 alquileres de carros. El censo, en aquel momento, daba una población en el barrio de 788 personas.
SUBASTA PARA LA CONSTRUCCIÓN
A principios del año 1886 se celebra la subasta para la construcción, en la modalidad de “a la baja” donde participan siete candidatos. El importe de salida es 11.748 pesetas por edificio, a lo que había que sumar luego los porcentajes de imprevistos, administración y beneficio industrial. En total se partía de 23.786,8 pesetas.
Se adjudica a Romualdo Burdío en 23.466 pesetas, con una cláusula adicional que dice que ahí están incluidos los bienes y servicios aportados por los vecinos y que se estiman en 500 pesetas.
Por otra parte, el consistorio había negociado que unas grandes fortunas ligadas, de alguna manera, al barrio aporten 675 pesetas. Ahí están Manuel Dronda, dueño de la huerta, Nicolás Funes, Evaristo Guallar, Marqués de Ayerbe, Andrés Martín y Manuel Blanqué.
El 1 de septiembre se hace una recepción provisional de las obras y se da permiso verbal a los maestros para ocupar las viviendas. La inauguración oficial será el 28 de octubre de 1886, siendo alcalde de Zaragoza Simón Sáinz de Varanda, y del barrio Manuel Pascual.
Como hay que hacer más grandes de lo previsto los agujeros de los excusados, la liquidación final de la obra ascenderá a 23.972 pesetas.
Imagen de los años 50, con la silueta al fondo de las dos escuelas entre la plaza y la portería.
El mobiliario es escaso: unos cuerpos de carpintería, que en el tablero inclinado superior tienen agujeros para los tinteros y unas hendiduras para los lápices, con un espacio debajo para contener las carteras y con sus bancos corridos sin respaldo. El maestro tendrá una mesa y habrá una pizarra sobre la pared.
Los primeros maestros serán don José Cortés para los niños y doña Concepción Solá para las niñas. Su sueldo anual era de 825 pesetas, a los que había que sumar unas partidas por retribuciones y material, dando un total de 1.237,5 pesetas. Además, en el caso del maestro, había que añadir una partida de unas 200 pesetas para clases de adultos (el analfabetismo medio en España era de dos terceras partes de la población).
Por aquel entonces, por ejemplo, el sueldo de un cartero peatón era 300 pesetas y los jornales en el campo o la construcción solían ser 2 pesetas diarias.
Cabe destacar que en esa época, en edad escolar había 49 niños y 59 niñas, con una asistencia media a clase muy alta, de alrededor del 90% y con un gran aprovechamiento, sobresaliendo entre todos los barrios rurales de Zaragoza.
Procesión de San Roque en 1963, con la escuela de los niños, al fondo en el centro.
Los edificios, con los años, sufrieron una relativa degradación porque, sin duda el presupuesto disponible había sido muy bajo y los materiales que se habían empleado eran acordes con el mismo.
RECORDADOS CON AFECTO Y ADMIRACIÓN
Las escuelas estarían en funcionamiento hasta el final de curso de 1967. En ese momento, los maestros eran don Bernardino Rodríguez y doña María Cebrián, que llevaban ya más de un lustro en su puesto. Ellos continuarían, hasta su jubilación, en el nuevo edificio situado ya en las afueras del antiguo monasterio. Ambos tuvieron una gran labor en la enseñanza de la infancia, teniendo que atender un gran número simultáneamente y en edades que oscilaban de seis a catorce años. Los dos maestros son recordados con gran afecto y admiración por todos los que disfrutaron de sus clases.
Posteriormente, los edificios tuvieron utilidades de diversa clase para la sociedad del barrio. El correspondiente a los niños incluso sirvió, y todavía lo hace, para albergar un mural de Ignacio Fortún para conmemorar el X aniversario de la Asociación de Vecinos desde 1984. A finales de los ochenta, ese mismo edificio colapsó por su parte interior, debido a una serie de lamentables coincidencias, manteniéndose todavía en pie el de las niñas.
Mural de Ignacio Fortún en lo que fue el colegio de los niños.
Bibliografía
AHMZ 1886, A64, L.9, Exp. s/n caja 1, Instrucción Pública. Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza.
Enseñanza de primeras letras y escuela del siglo XIX en Zaragoza. Mónica Vázquez Astorga. Universidad de Zaragoza-Institución Fernando el Católico. 2013.
Sociedad y educación en Zaragoza durante la restauración (1874-1902). María Rosa Domínguez Cabrejas, Ayto. Zaragoza. 1989
Ricardo Magdalena. Ascensión Hernández Martínez. Institución Fernando el Católico 2013.
Boletín Oficial de la provincia de Zaragoza
Libro de actas, hemeroteca y página Web Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza.