La báscula de La Cartuja Baja

El peso de la agricultura
Hasta mediados de la década de 1970, en La Cartuja Baja existió una primera báscula, junto a la entrada del barrio, al final de la Paseo de los Plátanos. La vía se llama así como recuerdo a unos gigantescos plátanos centenarios, que hubo que cortar para hacer la nueva calle, plantándose otros de la misma especie.
La vieja báscula se empleaba para pesar sólo carros de caballería y tenía plataforma de madera .
Muy próximo a ella, existía un edificio que se construyó para control de carreteras durante la guerra civil. Posteriormente serviría como vivienda precaria para alguna familia. Ese espacio haría las veces después de refugio de espera de los pacientes viajeros del autobús de El Burgo de Ebro (que algunos apodaban ‘La tortuga’), de la empresa Herederos de Tesoro Marrón . El bus tenía trayecto a Zaragoza tres veces al día, mañana, mediodía y tarde, hasta la calle Reconquista, a un paso de la plaza de San Miguel.
LA MUJER ENCARGADA
El agricultor Rodolfo Martínez Gargallo (La Cartuja, 1935) destaca que, junto a la vieja estación de ferrocarril del barrio, existían otras dos básculas de uso propio, instaladas para pesar la remolacha, un cultivo entonces muy cartujano, que se transportaba en tren. La tierra, regada por las acequias del Canal Imperial, con el beneficio también de la proximidad del Ebro, daba sus frutos. Además, como se decía entre los agricultores: “No hay campo malo si el amo es bueno”.
Y sobre la báscula antigua de la entrada del barrio, Rodolfo rememora: “Tenía una pequeña garita de adobe (barro y paja), que era atendida por una mujer, encargada de sellar el peso”. Ella se llamaba Natividad, y vivía al otro lado de la carretera. “El coste de la pesada era inicialmente de 1 peseta y luego subió hasta 3 ó 4”.
Y añade: “A la báscula, que pesaba hasta diez toneladas, iba con el carro y la mula. Llevábamos de todo; panizo, remolacha, lino, trigo y animales criados en casa. Los animales los comprábamos pequeños a ojo y l os vendíamos grandes a peso” . Con el peso de la báscula.
“He trabajado desde muy niño. Me levantaba a las cuatro de la mañana, porque a las cinco ya enganchábamos en el campo”, rememora.
Y LLEGÓ EL CAMBIO
José Luis Martínez (La Cartuja, 1950 ), el muy recordado alcalde del barrio entre 1973-1975, que al parecer en su momento fue el regidor más joven de España, afirma: “A mediados de la década de 1970, había que ensanchar la carretera, que era una demanda vecinal, con un carril de espera de giro a la izquierda, y eso afectaba a la antigua báscula, por las expropiaciones de terreno. Nos íbamos a quedar sin ella, con todo el perjuicio que originaba”.
De modo que negociaron con la Jefatura de Carreteras en Zaragoza, dependiente del Ministerio de Obras Públicas (MOP). “Si nosotros conseguíamos una nueva báscula, ellos se comprometían a realizar la instalación. Y así fue”.
La nueva báscula era en realidad una báscula usada, procedente de la Cooperativa Agraria de San Lamberto, en Cogullada, comorecuerda Javier Bayo (La Cartuja, 1965), guarda de la Comunidad de Regantes de Miraflores.
Con una tarea de investigación acta por acta de aquellos años, Jesús Asín, que desde 1977 ha trabajado como jefe administrativo en esa cooperativa en Cogullada, informa que en junio de 1973 se autorizó a comprar una nueva báscula para las propias instalaciones de San Lamberto, más grande, con capacidad de 60.000 kilos.
Y “el 15 de octubre de 1973, el Consejo Rector de la cooperativa, aprueba la venta de la vieja báscula por 40.000 pesetas (240 € actuales), precio con desmontaje incluido”. Por un importe entonces respetable, la vieja báscula de Cogullada enfiló su nueva ruta hacia La Cartuja.
La Cooperativa Agraria de San Lamberto, en Cogullada, cuenta actualmente con varias básculas.
UNA COLECTA
Prosigue nuevamente José Luis Martínez: “Para nuestra báscula conseguimos dinero de aquí y de allá, entre agricultores, ganaderos, transportistas y más gente” . En fin, una colecta popular entre los gremios, en aquellos tiempos de final de la dictadura, donde quedaba todo por hacer.
Los vehículos a motor sustituyeron a los carros da la vieja báscula de la entrada de La Cartuja, y entonces se construyó esta nueva, que en el año 2025 ha recuperado el barrio, pero ya sin uso y como espacio de memoria.
La báscula se ubicó extramuros, en un excedente de la cabañera, siendo mucho más moderna y amplia que la anterior, con plataforma de hierro de tres por diez metros y después con su punto de luz, que acabaría viniendo también con los años.
En el intercambio por la ampliación de la carretera, la Jefatura de Carreteras cumplió con el alcalde delegado del barrio y realizó el foso de hormigón y la caseta.
LOS RESPONSABLES DE LA BÁSCULA
Los encargados de este nuevo servicio, los ‘pesadores’ y responsables de llaves, procedían de la Cooperativa Agraria de San Roque, creada en el barrio en los años de 1940 y ahora ya extinta.Primero fue Moisés Cruz Gómez (apodado ‘El tío’), después Antonio Campillos Escosa y finalmente Antonio Rodríguez Remiro.
Aunque esta segunda báscula era una instalación relativamente discreta, en la periferia del núcleo de población, a Kike Ramos (La Cartuja, 1958 ) su construcción le pareció de niño, según recuerda, “una obra faraónica, una cosa curiosa”. En aquella época, la báscula significaba el no va más. Eran tiempos donde “las calles de barrio eran de tierra, de barro, y jugábamos a escondernos, al ‘Pío que te vi’, o de vez en cuando a hacer alguna trastada, como llamar a las puertas de vecinos y echar a correr. A la mañana siguiente en la escuela, el maestro Don Bernardino, que se enteraba de todo, y no sé cómo lo hacía, nos echaba una buena reprimenda”.
En la nueva báscula se pesaron miles de toneladas de maíz, alfalfa, paja, sacos de abono, cebada, semillas, trigo y otros cultivos, además de animales de domésticos, que entonces se criaban en muchas casas del barrio. Por la báscula también pasaron productos como chatarrería o, más frecuentemente el carbón, procedente de las carbonerías de La Cartuja y alrededores.
TERNERO PARA LA ECONOMÍA FAMILIAR
Como refuerzo para la economía familia, en línea con otros testimonios, Kike explica: “Mi padre,Enrique Ramos, compraba al año un ternero, que lo criaba, lo engordaba, y al cabo de los meses lo pesaba en la báscula y lo vendía”.
Kike añade: “Yo he sido transportista. Primero tuve un camión basculante y con grúa. Con él transporté carbón, entre otras cosas. Después compré un camión con góndola, de un eje, para llevar maquinaria pesada. Y luego ya tuve uno de tres ejes, muy grande”. Dice conservar muy buenos recuerdos de la báscula: “Una vez hice una pesada con toneladas de raíces
de árboles, lo que llamábamos ‘zuecos’, que se los llevé a un señor de Alarcón, para calentar su recinto de gallinas” .
La báscula tiene una plataforma de 30 metros cuadrados, dividida en siete hojas, dispuesta sobre un foso, que está conectado con la balanza –la romana-- del interior de la pequeña caseta. Los camiones de dos ejes –con cuatro ruedas en el eje trasero, que permitían llevar más peso— todavía cabían en la plataforma, pero ya más largos no. Los tráileres había que pesarlos en dos veces, cosa que era un engorro y se podría prestar a cierta picaresca.
La Cartuja Baja ha recuperado los restos de lo que fue la báscula del barrio.
PRIMERO SE ‘TARABA’
Para empezar la operación se ‘taraba’ el vehículo, es decir, se pesaba el remolque o camión en vacío (la tara), y después el vehículo ya cargado. Lo primero se restaba de lo segundo, y con esa fácil operación se obtenía el resultado del pesaje. El neto y el bruto.
Dentro de la pequeña caseta había una mesa, con tickets y el cuaderno de registro de las pesadas . Accionando una palanca en la romana del interior, se marcaba la cifra en relieve, el comprobante, en un pequeño ticket de cartón. En otros lugares, con la evolución tecnológica, todo ello sería sustituido más adelante por un sistema digital, y se cambiaría el pago en función del peso. Pero en La Cartuja no se vivió finalmente esta puesta al día,porque ya no se necesitó y la báscula fue cayendo lentamente en desuso.
La báscula dependía de la Cooperativa de San Roque, con una veintena de socios que, en su tiempo, pagaban una cuota anual de uso de mil pesetas (6 euros) o tres mil (18 euros) si eran una empresa.
La balanza romana en el interior de la caseta medía las toneladas, los cientos y los kilos, y se contaba c on una pesa de bronce o latón, que un día desapareció y tuvo que ser repuesta por una hecha de piedra y arena.
La báscula, con la perspectiva de La Cartuja.
UN DATO PARA EL TANTEO
El usuario empleaba muchas veces esta báscula cartujana para hacerse una idea previa de la carga, antes de vender el producto y volver a pesarse en el almacén correspondiente. La báscula de La Cartuja era, en esa situación, una báscula de tanteo. O una balanza para el acuerdo, sirviendo para poder efectuar el trato en confianza de venta entre vecinos.
Durante muchos años, el responsable de la báscula fue Antonio Campillos Escosa (La Cartuja, 1925-2005). A él había que solicitar la llave para hacer las pesadas, esporádicamente, y a bajo precio.
Después tomaría el relevo el cartujano Antonio Rodríguez Remiro , padre del pastor Antonio Rodríguez Martínez (La Cartuja, 1953) y de José Rodríguez Martínez (La Cartuja, 1955) . Entonces, ya cada socio de la cooperativa tenía su llave y no era preciso llamar cada vez al responsable.
HASTA 40.000 KILOS
El pastor Antonio, que ofrece buena parte de los datos para escribir esta pequeña historia, subraya que la báscula pesaba cargas de “hasta 40.000 kilos. Y tenía un mantenimiento para engrasar el foso de debajo de la plataforma y recalibrar la balanza ”. La precisión era lo primero, l a confianz a también, aunque en aquellos tiempos una balanza casi nunca era exacta-exacta.
“Yo pesaba granulados para los corderos, que se vendía a granel . Con la báscula podías verificar elpeso, y después comparar. Pesaba también la paja (a una peseta el kilo de paja). Se hacían paquetillos pequeños, de 21-22 kilos. Y compraba hasta 4.000 kilos”. Era paja de ‘kilómetro cero’, comprada en la finca de Sancho.
El trigo se llevaba en sacos de 80 kilos, más otro kilo que era lo que pesaba el saco de yute. También se compraba nitrato y abono. “Era una época en que parecía que Zaragoza estaba como a cien kilómetros y había muy poca movilidad en el barrio”, explica Antonio. Y remacha: “La báscula que verdaderamente servía para el intercambio era la de San Lamberto, la definitiva. Con la de La Cartuja te podías hacer una idea primera del peso”. También había una báscula en El Burgo de Ebro, Fuentes de Ebro o Montañana, que eran más grandes.
Por su parte, Javier Bayo recuerda pesar en La Cartuja en un remolque la carga de leña, que después se vendía a particulares.
En abril de 2026 se pintó su nombre en la caseta reconstruida, señalando un nuevo lugar de interés del barrio.
EL PESO DE LA AGRICULTURA
Cuando se abrió en Zaragoza la empresa de ascensores Giesa, creada por Joaquín Guiral en la avenida Miguel Servet, junto al Palacio de Larrinaga, “muchos vecinos fueron a trabajar allí y la agricultura fue perdiendo peso en el barrio, hasta quedar muy poca gente en el sector”, subraya Antonio ‘El pastor’. “Después empezó a pasar tráfico por encima de la plancha, hasta desajustarla del todo”.
Poco a poco, a principios del siglo XXI, la báscula cartujana, hija de una colecta en el barrio y del MOP, evolución moderna y sucesora de aquella otra que atendía Natividad, fue decayendo. “Y además, nos quitaron la corriente de luz de allí, que se tomaba de la farola del camino. Los camiones del barrio cargados de carbón, que en invierno pesaban la mercancía de noche, antes de ir a venderlo para uso de las calefacciones de Zaragoza, ya no podían hacerlo a oscuras”.
Se apagó, pues, la luz y se apag ó también la poca vida final de la báscula, que por poco no llegó a cumplir tres décadas. El pequeño remanente económico de los socios se empleó en diversos fines sociales: en el club de jubilados, en la parroquia del barrio y en la construcción del edificio de la guardería, levantado en comunidad, con manos vecinales.
Después la báscula, ya en desuso, se vandalizó. La caseta con la romana quedó reducida a una carcasa, descascarillada, pero en el año 2025, la Junta Vecinal del barrio impulsó su recuperación, para conservar así su pequeña y gran memoria, que es también la memoria y el reflejo de la vida del barrio.
El punto de luz, sin luz.
Con testimonios y colaboración de: Antonio Rodríguez Martínez, Maxi Lorente, Concepción Campillos, Víctor Lorente Campillos, José Luis Martínez, Kike Ramos, Rodolfo Martínez Gargallo, Rafael Pascual Bibián, Javier Bayo, Jesús Asín, Luis Ayuda, Pablo González, José María Lasaosa, Paco Delgado y Juan Castiella.
La báscula de La Cartuja Baja está recogida ya en el Inventario General de Bienes del Ayuntamiento de Zaragoza, con el número 3077.