La Casa del Médico de La Cartuja Baja

La salud, lo más importante
Al consultorio se le añadió después un pequeño jardín con dos bancos.
El actual consultorio médico del barrio fue construido en la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado, como casa del médico para que allí se alojara el facultativo y atendiera las necesidades de la población. Fue residencia, principalmente, del practicante Pedro Murillo durante casi dos décadas. Tras varias reformas, ahora es el consultorio del barrio.
UN MÉDICO CON CALLE
A finales del siglo XIX, en Zaragoza la sanidad se ejercía por médicos que cobraban una cantidad por la junta municipal y el resto por iguala de los vecinos, atendiendo a diferentes zonas. Existía el Hospital de Santa María de Gracia, donde podían tratarse algún tipo de enfermedad. Siendo alcalde capitalino Laguna de Rins, en el cambio de siglo, tuvo la idea de crear un cuerpo facultativo de beneficencia municipal e instalar casas de socorro. La primera fue en los bajos del número 143, después 139, del Coso, aunque la más famosa sería la situada en la esquina de la calle Canalejas con Paseo de la Mina, desde 1933 que estuvo en funcionamiento hasta entrado el siglo actual.
En el barrio, desde finales del siglo XIX, se fueron alternando diversos médicos que solían cobrar principalmente de una iguala de los vecinos y también atendían otras zonas de la capital, normalmente Torrero y Montemolín, por lo que no solían residir en el mismo. Una excepción fue Ramón Sancho, que estuvo varias décadas y vivió en la calle de Las Escuelas, y que tuvo el reconocimiento posterior de tener una calle a su nombre.
Sí que fue habitual que algunos practicantes lo fueran en exclusiva y a menudo residiendo en la población. En este apartado se puede destacar a Manuel Gutiérrez y a Antonio Ferruz, vecino que ejerció durante ocho años antes de ser destinado a Tortosa, y que además ejerció de comadrón, habiendo ayudado a nacer a habitantes actuales de la población.
El 8 de octubre de 1959, siendo alcalde Gómez Laguna, el Ayuntamiento de Zaragoza acuerda sacar a subasta la construcción de la casa del médico en la Cartuja Baja por importe de 268.919 pesetas, lo que sucederá una vez pasado el plazo de alegaciones en noviembre de ese año. Se adjudica a Julián Blasco la ejecución por 254.000 pesetas, el 9 de diciembre. Entra en el Plan de Cooperación con la Diputación Provincial por importe de 125.000 pta.
La casa que serviría de consultorio constaría de dos plantas y se situaría en la calle de San Bruno.
En los años siguientes se trabaja en las obras y se realizan certificaciones parciales. Finalmente el 22 de febrero de 1964, el Excmo. Ayuntamiento aprueba la recepción definitiva de la casa del médico. El titular era entonces Jesús Ferrer, que también atendía algunas zonas de la capital aragonesa, por lo que la casa fue ocupada por Pedro Murillo, practicante, y su familia con el compromiso de residir permanentemente en el barrio.
TAMBIÉN DENTISTA, PELUQUERO, CALLISTA Y COMADRÓN
Don Pedro, así se le conocía, había llegado unos años antes sustituyendo al citado Antonio Ferruz, en mayo de 1954, procedente de las Cinco Villas. Vivía ya en una antigua casa en la misma calle de San Bruno, y como solía suceder en esa época realizaba también algunas tareas relacionadas, como dentista, peluquero, callista y comadrón. Estaría en su puesto un cuarto de siglo y en la primera parte de su cometido le tocó ayudar a nacer a varios niños, por lo que no resulta extraño que fuera padrino de alguno de ellos e incluso sugiriera algún nombre, que como persona culta y ávido lector que era, nos recuerda a algún personaje de Shakespeare.
Cobraba una iguala pero tenía una disponibilidad total y era capaz de abandonar cualquier tarea para atender a un enfermo, además de disponer de una pequeña “farmacia” de urgencia para alivio de los necesitados, hasta que se estableció un negocio de ese tipo a principios de los años setenta. Fue un ejemplo de abnegación y servidumbre a los demás, en el término más noble de la palabra, excediendo siempre con mucho a la simple profesionalidad y a las horas más intempestivas. Hasta que tuvo coche propio no dudaba en desplazarse por las torres de la manera que fuera, incluso andando. Persona rocera, en el buen sentido de la palabra, de trato con todas las personas y con todas ellas se llevaba bien, hasta el punto de que le instruía a su esposa doña Amparo para que comprara en todos los negocios del barrio sin excepción.
Gran aficionado a la fotografía, sus obras son testigo de la vida en aquel tiempo, y es el responsable de que muchos vecinos actuales tengan imágenes suyas de cuando eran niños. Fue también el primer encargado de la salud de los jugadores del FOCAR Club, cuando se fundó en 1968.
Durante los años que vivió y desempeñó su profesión en La Cartuja, cursó la carrera de Medicina e incluso realizó la especialidad de Dermatología, llegando a atender a vecinos del barrio, ya como especialista, en el Consultorio de San José. Abandonó el barrio en febrero de 1980.
Imagen del consultorio
MÁS DE TRES DÉCADAS DE SERVICIO
Otra persona relacionada con la sanidad en el barrio que debe citarse es María José Barroso, médica titular durante más de tres décadas al servicio de la población, desde principios de los ochenta. En este largo período fue amiga, confidente, psicóloga de muchos de los vecinos, con gran empeño en la defensa de los mismos frente a la administración y preocupándose con materias novedosas entonces como la nutrición. En su época se incorporó también el servicio de pediatría al barrio.
En lo que respecta al edificio, en 2009 tuvo lugar una rehabilitación para atender a las crecientes necesidades, incluso se le dotó de un ascensor; estaba previsto que la obra durara dos meses, pero se alargó bastante más de ese tiempo.
Bibliografía
Boletín Oficial de la provincia de Zaragoza.
Evolución sanitaria de Zaragoza durante el centenario 1870-1970: un siglo en la historia de la medicina zaragozana. Mariano Rabadán Pina. IFC. Zaragoza. 1984.
Libro de Actas, Hemeroteca y página web Excmo. Ayto. Zaragoza.