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Cartuja de la Inmaculada Concepción

Cartuja de la Inmaculada Concepción
Localización
Barrio de la Cartuja (Zaragoza)

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Cronología

Siglos XVII al XVIII (1767)

Estilo

Barroco

Puntos de interés

Portería, Procura, Hospedería, Iglesia, Refectorio, Celda del Prior, Celdas, Cerca y cubos (Cada uno de los puntos de interés posee una entrada propia con más información detallada en el Catálogo de Monumentos Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Zaragoza)

Más Datos

La fundación de la cartuja de la Inmaculada Concepción, la más joven de las cartujas españolas, se debe a don Alonso de Funes y Villalpando, noble caballero zaragozano, Regidor del Hospital de San Felipe y Santiago y Diputado del Reino, quien en su testamento manifestó su voluntad de fundar un monasterio cartujano en tierras aragonesas.

Fue, sin embargo, su mujer, doña Jerónima Zaporta, nieta del famoso banquero Gabriel Zaporta y mujer de fuerte carácter, quien, a la muerte de su esposo, se convirtió en la verdadera impulsora de la nueva cartuja y quien firmó la capitulación y concordia de su fundación el 20 de agosto de 1634. El monasterio se instaló en un lugar cercano a la villa de Alcañiz llamado la Torre de los Martucos.

Sin embargo, la presencia de tropas francesas en la llamada guerra Secesión Catalana, obligaron a los cartujos a abandonar el lugar, trasladándose en 1643 a la llamada Torre de las Vacas o Torre de Martín Cabrero, sita en las proximidades de Zaragoza, cerca de la ribera del Ebro, que sería su definitivo emplazamiento (actual barrio de la Cartuja Baja). La vida de la cartuja de la Inmaculada Concepción fue tranquila y próspera. Durante los siglos XVII y XVIII, los monjes vivieron su vocación contemplativa sin sobresaltos y atendieron diligentes a la construcción de su nuevo monasterio cuyo claustro de 36 celdas sería el más amplio de toda España.

La Cartuja de la Concepción contó con abundantes recursos económicos y así pudo permitirse, a partir de 1786, crear y mantener una escuela de niños y niñas en el Burgo de Ebro. Conflictivo, por el contrario, fue el siglo XIX. Primero la Guerra de la Independencia y después la Desamortización del Trieno Liberal (1820-23), provocaron que los monjes tuvieran que deshabitar su establecimiento. El definitivo abandono del monasterio se produjo en 1835-36, como consecuencia de los decretos desamortizadores del ministro Mendizábal. Enajenado el conjunto, fue adquirido por varios propietarios que alquilaron a su vez las tierras y dependencias a colonos agrícolas que ocuparon las habitaciones de los monjes y, en algunos casos las sustituyeron por otras nuevas. De ese primer núcleo de habitación surgió el actual barrio de la Cartuja Baja, en el que todavía se conservan algunas dependencias del antiguo monasterio de indudable valor histórico y artístico (portería, hospedería, procura, iglesia, torre y sacristía, exterior del refectorio, partes de algunas celdas, parte de los lienzos del patio del gran claustro, parte del muro que rodea el recinto con sus torreoncitos ultra semicirculares, etc.), así como el trazado general de la cartuja, cuyas vetustas galerías y pasillos coinciden con las actuales calle; todavía hoy, con un poco de imaginación, podríamos evocar la imagen de aquellos monjes blancos y silenciosos pasando en procesión por los sobrios claustros desde sus solitarias celdas a la iglesia.

Descripción

La construcción del monasterio se inició en 1651, año en el que se colocó la primera piedra del conjunto. No obstante, las obras no comenzaron a avanzar hasta la llegada del prior Antonio Gascón (padre profeso de la cartuja de Aula Dei y superior de la Concepción en los años 1661-82 y 1686-1694) que se encargó de impulsar la edificación. La fábrica del monasterio, en la que trabajaron numerosos operarios, incluso "maestros sin examinar" por autorización del ayuntamiento de la ciudad, se dilató básicamente durante toda la segunda mitad del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIII, siendo un año clave el de 1731, fecha en la que se consagró la iglesia. El monumento quedó concluido en 1767, año en el que los cartujos declararon que el conjunto estaba definitivamente terminado y que sólo faltaban por perfeccionar nueve celdas del lado Este del gran claustro. Entrada la segunda mitad del siglo XVIII, los monjes quisieron mejorar y reformar algunas de las dependencias del monasterio tales como la celda prioral (1767), la iglesia (1780) y la bodega de la hospedería (1791). De todas estas reformas, la del templo fue la más importante ya que llevó consigo la renovación de todo su interior. Iniciada en 1780, fue realizada por el hermano cartujo Joaquín Gracián, antiguo maestro de obras, que se encargó de la arquitectura, y por el pintor Ramón Almor, también miembro de la comunidad, que se dedicó a la decoración pictórica de muros y bóvedas.

Tras los destrozos ocasionados por la Guerra de la Independencia y por el abandono del monasterio en los años 1820-23 (Desamortización del Trienio Liberal), los monjes se vieron obligados a rehabilitar el monasterio, siendo la iglesia conventual de nuevo consagrada en el año 1827.

De todas las dependencias de la cartuja, como es habitual, hemos de destacar sobre todo la iglesia, en especial su interior. Presenta una estructura muy simple consistente en una planta de cruz latina de una sola nave con una interesantísima capilla del sagrario detrás de la cabecera (similar a la que se encuentra en la iglesia de Aula Dei), capilla típica y característica de las cartujas españolas y "celda" del Cuerpo de Cristo, primero entre los cartujos. Dicho templo se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, a excepción del crucero que presenta cúpula hemiesférica. Estas cubiertas aparecen decoradas por unas interesantes pinturas murales ejecutadas por el citado fray Ramón Almor, en las que hallamos una iconografía similar a las pinturas de las bóvedas de la iglesia de la cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes. Los temas, representados con vivos colores, son los Esponsales de la Virgen, la Anunciación, la Visitación, la Adoración de los pastores, la Circuncisión, la Presentación y la Purificación, la Adoración de los Reyes Magos, las virtudes Fe, Esperanza, Caridad y Religión, la Coronación de la Virgen, los padres de la Iglesia, etc. Aunque ha desaparecido el mobiliario y el muro de mediana altura que separaba los coros de padres y hermanos (ubicado este último a los pies del templo) y a pesar de que su estado de conservación no es bueno, el templo todavía no ha perdido su belleza y solemnidad, pudiendo apreciarse aquellas palabras escritas por Giovanni Leoncini, especialista en arquitectura cartujana, cuando habla de la sensación que produce la contemplación de una casa de los hijos de San Bruno: "Aunque no se eleve el canto de los monjes, una iglesia cartujana será siempre reconocible y no sólo por las características propias de su estructura, sino por la atmósfera que allí reina, que invade los vacíos asientos del coro, por simples o ricos que sean, que sube hasta las bóvedas desnudas o cubiertas de decoraciones y de frescos. Más todavía, el gran claustro, renacentista o barroco, francés o italiano, con sus solemnes espacios, las largas galerías, las celdas, el silencio, indicarán siempre que nos hallamos en una cartuja".